Las páginas de Cartafueyu no son nuevas en la red; los rastros de su historia digital —de los que el archivo de internet guarda buena memoria— dan fe de que este rincón siempre ha sido un espacio de resistencia, pensamiento y debate con identidad propia. Hoy, tras un tiempo de silencio, decidimos reabrir esta bitácora. Y no lo hacemos por capricho, sino por la imperiosa necesidad de poner orden al ruido actual, de rescatar las palabras secuestradas por la crispación y, sobre todo, de defender lo que a todos nos pertenece: la legitimidad de nuestras instituciones.
El nacimiento de un espacio de reflexión como Cartafueyu no es casual. Nace de la necesidad de poner orden al ruido, de rescatar las palabras secuestradas por la crispación y, sobre todo, de defender lo que a todos nos pertenece: la legitimidad de nuestras instituciones.
No hace mucho, un expresidente del Gobierno central pronunciaba ante los micrófonos una directriz tan ambigua como peligrosa: "El que pueda hacer, que haga". Una llamada a las armas retóricas para desbancar, por la vía de la asfixia y el desgaste absoluto, a un Ejecutivo emanado de las urnas. Aquella frase no llegó sola; venía precedida por el berrinche político del día siguiente a que la mayoría parlamentaria le dijera "no" al candidato del Partido Popular. Desde ese preciso instante, para un sector de la oposición, el Gobierno no era simplemente un adversario: era un okupa, un traidor, un ente ilegítimo.
Es curioso cómo se deforma el concepto de democracia cuando el resultado no acompaña a las expectativas propias. Se olvida, parece que deliberadamente, que en un sistema parlamentario gobierna quien suma los apoyos necesarios en el Congreso, no quien se autoproclama ganador por derecho divino o dinástico. Intentar propiciar un cambio de Gobierno mediante el asedio institucional, la instrumentalización de la justicia o la crispación mediática constante no es oposición; es erosión democrática.
Por eso, desde esta acera progresista, y para inaugurar estas páginas, queremos apropiarnos de ese mismo lema. Queremos despojarlo de sus sombras y de sus dobles sentidos para dotarlo de luz y de civismo.
¿Qué significa para nosotros "el que pueda hacer, que haga"?
Hacer pedagogía: Frente a los bulos y el relato del "Gobierno ilegítimo", nos toca recordar los principios básicos de nuestra Constitución y el valor de los pactos parlamentarios.
Hacer debate: Frente al insulto y la hipérbole que busca paralizar el país, proponer ideas, fiscalizar con rigor y argumentar con datos.
Hacer memoria: Para que no se normalice que la derecha solo acepte como impecables los procesos electorales en los que resulta victoriosa.
El verdadero peligro para una democracia no es que gobierne la izquierda o la derecha; el peligro real es que una de las partes decida que, si no gobierna ella, las reglas del juego ya no valen.
Así que recogemos el guante. Que el que pueda hacer, haga. Pero que haga más democracia, más debate y más progreso. Las urnas dan el poder, el Parlamento lo legítima y la ciudadanía lo vigila. Todo lo que intente saltarse ese orden, por mucho que se disfrace de patriotismo, no es más que el viejo mal de no saber perder.
Bienvenidos a Cartafueyu. Pasen, lean y, sobre todo, hagan.
